• Ceguera de la Nieve

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    Feb. 24, 2014

    No permita que sus ojos sufran esta desagradable y dolorosa afección.

    La ceguera de la nieve, una forma de fotoqueratitis, es una afección ocular dolorosa producida por la exposición a los rayos ultravioleta (UV) reflejados en el hielo y la nieve, especialmente a grandes alturas. El frío intenso y la resequedad pueden también ocasionar esta afección.

    Por lo general no se nota hasta un tiempo después de que el daño se ha producido, al igual que una quemadura de sol. Los síntomas de la ceguera de la nieve pueden ser alarmantes y desagradables, incluyen visión borrosa, inflamación y ojos llorosos.

    Pero no tiene porqué sufrir el dolor y el daño producidos por la ceguera de la nieve. De hecho, durante siglos, los humanos han encontrado formas ingeniosas de protegerse y, con la tecnología actual, es más fácil que nunca mantenerse protegido. Los anteojos de sol o los anteojos protectores que bloquean 99 por ciento de los rayos ultravioleta más altos y protegen del viento seco que congela, pueden ayudar a prevenir la ceguera de la nieve.

    Una Innovación de los Inuit

    Incluso antes de los innovadores implementos disponibles para proteger los ojos, los hombres encontraron formas de permanecer seguros en el frío y soleado invierno. Los Inuit de Alaska tallaron gafas protectoras de los cuernos del caribú para ayudar a evitar la exposición a los UV. Esos anteojos protectores tenían una estrecha ranura que limitaba el brillo pero permitía una visión horizontal completa, bloqueando los rayos ultravioleta que se reflejaban en sentido vertical sobre el hielo y la nieve.

    Doug Swingley y la Iditarod 2004

    Un caso famoso de ceguera de la nieve se produjo durante la carrera de trineos halados por perros Iditarod de 2004. A través de una sección especialmente famosa de la ruta de 1.000 millas durante una carrera que se desarrolló en condiciones de frío y viento extremos, el corredor Doug Swingley se quitó sus gafas protectoras para dar un rápido vistazo al panorama que tenía al frente. En cuestión de minutos, su visión de tornó extremadamente borrosa. Mientras dudaba si debía o no continuar, Swingley llamó al Dr. Griffith Steiner, un especialista en córnea que tenía su consultorio en Anchorage. “Con base en la gravedad de sus síntomas y el peligro de continuar en la carrera, le aconsejé que no era prudente que lo hiciera”, dijo el Dr. Steiner. “No fue una decisión fácil, debido a que Doug había sido cuatro veces campeón de dicha carrera”. Por último, abandonó la carrera y fue a Anchorage para recibir tratamiento recuperando por completo sus ojos.

    Probablemente Swingley sufrió una lesión de congelamiento en su córnea, exacerbada por la extrema resequedad debido a la exposición al viento frío y al bajo nivel de humedad. Una reciente corrección de visión con láser — que puede hacer más probables los síntomas del ojo seco— empeoró también la situación.

    En esas condiciones extremas y en vista de las circunstancias, resulta difícil decir si Swingley habría podido evitar la ceguera de la nieve. Sin embargo, para la mayoría de los entusiastas de los deportes al aire libre, pueden estar casi totalmente seguros de pasar un día sin riesgos bajo el sol del invierno con un buen par de anteojos de sol o de gafas protectoras para hacer esquí.