• ¿Qué es la baja visión infantil?

    La baja visión infantil se refiere a una limitación visual en una persona menor de 21 años que no puede ser corregida por tratamiento médico o quirúrgico ni con el uso de anteojos convencionales. Un bebé puede nacer con baja visión (congénita) o sufrir pérdida de visión durante la niñez. La pérdida de visión puede ser causada por una enfermedad o por daño a las áreas visuales del cerebro.

    Es posible que no se sospeche la presencia de baja visión en un bebé porque los síntomas pueden atribuirse a otras afecciones físicas o genéticas. Todos los niños que presenten un desarrollo atípico deben ser examinados por un oftalmólogo con experiencia en la evaluación y tratamiento de la visión infantil tan pronto como los padres o la persona encargada de su cuidado sospechen un retardo. Los exámenes médicos regulares practicados por un oftalmólogo son importantes para el diagnóstico temprano de enfermedades. Es importante identificar las afecciones que pueden tratarse.

    El hecho de tener baja visión no significa que los niños no puedan aprender, pero es posible que tengan que aprender de forma diferente. Un niño con baja visión puede necesitar dispositivos que mejoren la visión, puede requerir adaptaciones en el aula de clase o modificación en los métodos de enseñanza para que este proceso se adapte a sus necesidades. Los servicios incluyen intervención temprana para niños menores de 3 años, terapia ocupacional y maestros para estudiantes con limitaciones visuales (MLV) para niños en edad escolar. Estos recursos pueden ayudar a que los niños tengan éxito en el aula de clase y promover así su independencia.

    La experiencia de la limitación visual en la niñez

    Es importante ser conscientes del dolor, la ira y la frustración que experimentan tanto los niños como sus familias ante un diagnóstico de una limitación visual permanente. El acceso a servicios de rehabilitación visual, a maestros para estudiantes con limitaciones visuales y la asesoría correspondiente ayudarán tanto a la familia como al niño. La consejería y un buen grupo de apoyo pueden ayudar a la familia y al niño a reconocer que el valor como persona y la calidad de vida no dependen únicamente de la visión. Vale la pena el esfuerzo que se requiere para aprender a aprovechar al máximo la poca visión con la que cuenta el niño.

    La participación

    Las familias y los niños no deben aislarse. El contacto social continuado, la ayuda de voluntarios y las actividades escolares (incluyendo los deportes) son importantes. Hay muchos campamentos especiales, deportes adaptativos y actividades relacionadas con la escolaridad disponibles para los niños con baja visión.