• Cómo le Cambió la Vida a una Mujer que Recibió un Trasplante de Córnea

    Stephanie
    Veinte años después de su trasplante de córnea, Stephanie Beaver Alder, consejera universitaria de 32 años, aún se maravilla de cómo el trasplante le cambió la vida.

    Desde Esforzarse en el Colegio Hasta Desarrollar su Carrera en el Campo Académico

    Cuando Stephanie Beaver Alder, de 32 años, era una niña, sus años de colegio fueron un reto.

    No podía ver el tablero ni podía leer en sus libros, no veía con claridad. No podía participar en deportes porque era torpe y era propensa a sufrir accidentes por su mala percepción de la profundidad. Asistía a programas especiales de lectura porque sus profesores pensaban, equivocados, que tenía problemas de aprendizaje. Para Stephanie, todo fue muy difícil, y sus abuelos le decían permanentemente que no llorara. No porque quisieran que fuera valiente, sino por una razón que tenía que ver con la raíz de su problema y que era la causa de todas sus dificultades: Stephanie tenía una afección llamada queratitis herpética, una infección viral del ojo. A sus abuelos les preocupaba que llorar pudiera empeorar su problema visual y pudiera tener consecuencias graves.

    Cómo Afecta el Herpes los Ojos

    Stephanie
    Durante su niñez, le insistían a Stephanie que no llorara por temor a que el llanto pudiera empeorar su queratitis herpética.

    Muchos pueden conocer muy bien la forma de herpes que produce los fuegos en los labios. Lo que tal vez no sepan es que el herpes también puede afectar los ojos. Es una afección que, en la mayoría de los casos produce problemas menores. Sin embargo, si la infección no se trata a tiempo, o si se vuelve recurrente, puede dañar gravemente la córnea.

    La córnea es la parte transparente del anterior del ojo, la ventana que cubre el ojo y permite enfocar la visión. Cuando la córnea se daña puede dispersar la luz en lugar de permitir que vaya directamente al interior del ojo e impide enfocar. El daño puede resultar en inflamación o formación de tejido cicatricial. Esto puede producir opacificación de la córnea, volverla rugosa o deformarla.

    En los casos más severos, la queratitis herpética puede limitar la visión hasta el punto en que los oftalmólogos – los doctores especializados en el cuidado médico y quirúrgico de los ojos – recomendarán que los pacientes reciban un trasplante de córnea.

    El Mundo se Enfoca

    Stephanie
    Stephanie con su hija, Annabella.

    El oftalmólogo que atendía a Stephanie la remitió al Dr. Richard L. Abbott, un especialista en córnea y actual profesor de la Universidad de California en San Francisco.

    El Dr. Abbott le explicó a Stephanie, que en ese entonces tenía cinco años, que utilizarían un instrumento, como un molde de cortar galletas para retirar la parte dañada de su córnea y reemplazarla con una córnea trasparente que alguien había donado.

    “Nunca supe cómo se veían realmente los colores. No tenía idea de lo que eran las pecas ni de que las hojas tenían venas”. – Stephanie Beaver Alder, a quien un trasplante de córnea le salvó la vista

    El doctor Abbott le practicó dos trasplantes de córnea a Stephanie, uno cuando tenía cerca de cinco años y otros cuando tenía 11 Después de las cirugías, se le abrió a Stephanie un mundo totalmente nuevo. Hasta entonces, nunca había sabido cómo se veía la vida para quienes tenían visión normal.

    “Nunca supe cómo se veían realmente los colores”, decía Stephanie. “No tenía idea de lo que eran las pecas ni de que las hojas tenían venas”.

    Este nuevo mundo también abarcó el salón de clase de Stephanie y su capacidad de aprender.

    “De repente, podía ver las palabras – no sólo unos garabatos prácticamente invisibles en el tablero, ahora podía ver letras y palabras”, decía Stephanie.

    “De repente podía ver las palabras – no sólo unos garabatos prácticamente invisibles en el tablero, ahora podía ver letras y palabras”. – Stephanie Beaver Alder

    Stephanie Beaver Adler at her graduation from University of California, Davis.
    Después de su trasplante de córnea, Stephanie prometió que sería la primera de su familia en ir a la universidad. Cumplió esa promesa en la Universidad de California, en Davis.
     

    “Desarrollé un enorme amor por la lectura. No podía soltar los libros", agrega. "Luego, cuando estaba en sexto grado, decidí que quería ser la primera persona de mi familia en ir a la universidad y simplemente no me detuve. Realmente avancé. Me convertí en una verdadera nerd”.

    La Vida de Stephanie Llegó a su Plenitud

    “¿Qué significa para mí la visión? Significa no solo ver las cosas, significa realmente experimentar el mundo. Representa vivir la vida al máximo”. – Stephanie Beaver Alder

    De hecho, Stephanie cumplió la meta que se había fijado. Se graduó de la universidad y después obtuvo un máster. Ahora Stephanie es consejera universitaria, y anima a sus alumnos a perseguir sus sueños y a no considerar la vida como un hecho.

    El no poder ver le enseñó a Stephanie lo importante que es la visión.

    “¿Qué significa para mí la visión? Significa lo solo ver las cosas, significa realmente experimentar el mundo. Representa vivir la vida al máximo”.

    En su tiempo libre, Stephanie corre también la media maratón y los triatlones. Ha progresado muchísimo desde que era una niña que se quedaba atrás de todos los demás en el colegio y que era la última en ser elegida para participar en algún deporte.

    Los Oftalmólogos Cambian Vidas

    Pero Stephanie sigue sorprendida aún ante la amabilidad de los oftalmólogos que la trataron y comprendieron el miedo que le daban las instalaciones y los procedimientos quirúrgicos a una niña tan pequeña.

    “Sus manos y ese alguien que decide ser un donante de órganos son las razones por las cuales puedo ver y experimentar de esta forma el mundo”, dice. “Mi vida ha cambiado en todos los sentidos. No sólo mi visión, todo. Estoy muy agradecida”. – Stephanie Beaver Alder

    Stephanie, quien ahora tiene una hija llamada Annabella, aún recuerda que el Dr. Abbott le regaló un peluche al que le puso un parche en el ojo, después de su primera cirugía. Stephanie no vaciló en darle al peluche el nombre de “Dr. Abbott Rabbit” (Dr. Conejo Abbott).

    Stephanie recordó este detalle hace poco cuando volvió donde el Dr. Abbott después de más de 20 años. Fue una reunión muy emotiva.

    Stephanie Beaver Adler and Richard Abbott, MD, twenty years after Dr. Abbott saved her vision with corneal transplant surgeries.
    Stephanie con el Dr. Abbott, quien le hiciera dos trasplantes de córnea cuando niña. Stephanie dice que gracias a él ha podido llevar una vida plena.

    “Sus manos y ese alguien que decide ser un donante de órganos son las razones por las cuales puedo ver y experimentar de esta forma el mundo”, dice. “Mi vida ha cambiado en todos los sentidos. No sólo mi visión, todo. Estoy muy agradecida”.

    Para el Dr. Abbott, la experiencia de Stephanie es precisamente de lo que se trata su profesión.

    “Qué suerte tenemos de ser oftalmólogos y de tener el privilegio de restaurar la visión de nuestros pacientes”, sostiene. “Es por eso que lo hacemos. Es por eso que somos oftalmólogos”.

    “Qué suerte tenemos de ser oftalmólogos y de tener el privilegio de restaurar la visión de nuestros pacientes, es por eso que lo hacemos. Es por eso que somos oftalmólogos”. – Dr. Richard Abbott, quien salvó la visión de Stephanie con dos cirugías de trasplante de córnea

    Stephanie es un ejemplo de lo más de 50.000 pacientes por año que logran recuperar su visión gracias a la destreza de personas como el Dr. Abbott, especialista en córnea y a la voluntad de quienes se inscriben como donantes.

    Para más información acerca de cómo ser donante de ojos, visite el sitio Web U.S. Department of Health & Human Services organ donation.