• La persistencia salva el ojo de una sobreviviente de quemaduras

    Andrea Hope Rubin en el MetroHealth Hospital, Cleveland, Ohio.
    Para el Dr. Thomas Steinemann, su paciente, Andrea Hope Rubin, es más que un caso de una recuperación sorprendente, es también una de las personas más inspiradoras que haya conocido.

    Escrito por Susanne Medeiros
    Feb. 26, 2019

    La mayoría de las personas no sobreviven a quemaduras de tercer y cuarto grado que afecten el 58 por ciento de su cuerpo. En el término de dos meses, Andrea Rubin, de 49 años, fue rescatada de un carro en llamas, había soportado unas 20 cirugías que le salvaron la vida. Tuvo una amputación parcial de su brazo derecho, una reconstrucción de párpado con piel tomada de su pie. Virtualmente no hubo una sola parte de su cuerpo que hubiera quedado sana, ya fuera quemada o cortada para obtener injertos de piel. Por consiguiente, cuando el Dr. Thomas Steinemann, oftalmólogo, le dijo que debería someterse a otras cuatro o cinco cirugías adicionales para salvar un ojo que ya no podía ver, se desanimó. ¿Ya para qué? No le iba a devolver la vista, lo único que haría sería prolongar su dolorosa recuperación. Lo que ella quería era que le extrajera su globo ocular que estaba muy dañado, que le pusiera una prótesis y así seguir adelante.

    "Sin embargo, el Dr. Steinemann no estaba dispuesto a darse por vencido y quería continuar. Le explicó que si bien no recuperaría la visión, con la tecnología actual, podría ser posible que lo lograra con los adelantos que vendrían en el futuro. Además, mejoraría también su apariencia. Ella fue cediendo, aunque todavía tenía ciertas “incertidumbres” acerca de la decisión.

    "Es tanto lo que le debo", dijo Rubin al pensar en su experiencia de los último cuatro años. "El Dr. Steinemann mostró tanta compasión. Todavía no entiendo cómo hizo para convencerme de hacer más cirugías, pero le estoy muy agradecida de que Io haya hecho. Me alegra y no tengo cómo agradecerle todo lo que aún me queda. Ahora llevo una vida mucho más útil que la que llevaba antes".

    Para el Dr. Steinemann, Rubin es más que un caso sorprendente de recuperación, es también una de las personas más inspiradoras que haya conocido.

    Una tormenta absoluta

    Andrea Hope Rubin recibe un examen ocular de seguimiento, como parte de su recuperación de las quemaduras en el MetroHealth Hospital, Cleveland, Ohio, mientras el Dr. Thomas Steinemann observa el proceso.
    Andrea Hope Rubin (a la derecha) sigue recibiendo los cuidados del Dr. Thomas Steinemann, años después de su accidente.

    Rubin no recuerda lo que le ocurrió el 11 de octubre del 2014. El informe de la policía describe la historia de una absoluta tormenta de eventos poco comunes. La llanta de su automóvil se atascó en un hueco cuando echó reversa para salir de un parqueadero. Mientras intentaba desatascar su automóvil, la llanta produjo chispas y el motor se incendió. Ella se desmayó cuando el carro se llenó de monóxido de carbono y luego el carro se incendió. Cuando llegaron los bomberos a la escena, el carro estaba envuelto en llamas. No podían saber que dentro había una persona. Fue llevada de inmediato en un helicóptero Life Flight al MetroHealth en Cleveland, donde los médicos le indujeron un coma durante seis semanas mientras hacían todo lo posible por salvarle la vida.

    En las víctimas de quemaduras la infección bacteriana es la causa de muerte más común. Mientras los médicos luchaban por impedir la proliferación de microbios, suturaron los párpados de Rubin para proteger sus ojos de una severa infección por hongos conocida como Candida tropicalis que amenazaba con destruir aún más su ojo. Pero no quedaba piel suficiente para proteger su ojo derecho, por lo que los cirujanos tomaron un parche de piel de su pie derecho e hicieron un nuevo párpado. Luego esperaron a que Rubin se recuperara de los remiendos con injertos de piel en su cuerpo.

    Cuando la despertaron del coma, no había nada familiar en su apariencia física. Según explica Rubin, "Tenía una alternativa. Podía enrollarme y morir o podía decir, estoy viva, hagamos esto como debe ser ¿Vas a dejar que esto te mate o vas a salir de esto aún más fortalecida?".

    Ahora tiene una buena vida

    Rubin tuvo suerte. Aunque su párpado izquierdo se quemó, todavía podía ver por ese ojo. Pero el daño a su ojo derecho fue mucho mayor. La córnea, la cúpula trasparente de la superficie anterior del ojo estaba tan dañada que el Dr. Steinemann tuvo que retirar el tejido y reemplazarlo por tejido corneal de donante.

    Típicamente, se hace un trasplante de córnea para restaurar la visión, pero en el caso de Rubin, el trasplante se hizo para evitar que la infección llegara al ojo. Para protegerla aún más, el Dr. Steinemann hizo otro procedimiento similar a un injerto de piel. Tomó una parte de la conjuntiva no dañada. La conjuntiva es el tejido trasparente que cubre la parte blanca del ojo, y la colocó sobre su córnea. Una vez que su ojo sanó, se le adoptó un lente de contacto especial que cubre toda la parte anterior del globo ocular, pintado exclusivamente para ella a fin de que fuera idéntico a su otro ojo.

    "Lo único que nos importaba era salvar el globo ocular", dijo el Dr. Steinemann. "Si podemos salar el ojo de alguien, haremos lo mejor que podamos por darle la mejor oportunidad posible previendo los adelantos médicos que puedan surgir en el futuro en relación con el cuidado de los ojos. A veces, la victoria consiste simplemente en salvar el ojo".

    Rubin agradece al Dr. Steinemann que le haya salvado el ojo. Tener un ojo que se mueve normalmente y que es idéntico al otro ojo ha mejorado su apariencia. Sin embargo, una de las lecciones más sorprendentes que Rubin ha aprendido de su experiencia es que su apariencia nada tiene que ver con la forma como se relaciona con las personas. Ha dado algunas charlas motivacionales para ayudar a difundir esta lección que aprendió a un costo tan alto y espera poder ayudar más.

    Debido a que la piel de su cuero cabelludo es muy frágil, sigue asistiendo semanalmente a controles en el Centro de Atención de Quemados de MetroHealth, y se aplica gotas en el ojo diariamente para evitar cualquier infección. Ha tenido unas 50 cirugías, y le faltan otras. Por lo demás, Rubin lleva una vida relativamente normal. Corre, levanta pesas y lleva una vida independiente.

    Ver el progreso de Rubin es una experiencia muy emotiva para el Dr. Steinemann. Aunque nunca perdió las esperanzas, jamás tuvo la seguridad de qué también se recuperaría Rubin después de tantas cirugías y de una lucha constante contra la amenaza mortal de una infección.

    "Ahora soy más fuerte de lo que jamás he sido", dice Rubin. "No quiero que la gente sienta lástima al escuchar mi historia. Llevo una vida muy buena. Y gracias a esto he logrado cosas maravillosas".